CON EL CORAZON EN UN PUÑO

 

Así estamos Carlos, todavía en un Ay! Intentando decirte adiós sin poder creernos que te has ido. 

Estábamos intentando arrancar tras los duros golpes de los últimos meses, y nos hemos frenado de nuevo. 

Shock, rabia, dolor… son tantos sentimientos en tan poco tiempo, que nos va a costar digerirlos y seguir hacia adelante. La gasolina para continuar es la familia, nos empezamos a quedar sin reservas. Pero lo conseguiremos, juntos, eso sí, porque sabemos que así el camino será más fácil.  

Vamos a recordarte siempre con tus bromas, con tu manera de hacernos reír.  

Por cómo conseguías que cada Nochebuena fuera aún más divertida que la anterior.  

Porque cuando éramos niñas y nos poníamos malas, tú aparecías cargado de bolsas con cosas ricas para que nos pusiéramos bien y, en un descuido de mamá, le echabas un buen chorro de coñac a la leche caliente. Mejorábamos sorprendentemente rápido: Carlos, esto sabe muy mal…; son los mocos, nos decías, bébetelo todo. Te reías y nosotras te creíamos. No había mejor remedio. 

Porque cuando te animabas y empezabas a cantar, conseguías que el resto del mundo enmudeciera. Fuimos pocos los afortunados en disfrutar de esta faceta tuya en contadas ocasiones. 

Nos dejas tu legado más preciado, tu fiel réplica, Jorge. Al que seguiremos acompañando en cada paso. 

Con un vacío enorme y una pena demasiado grande te despedimos.  

Da recuerdos por allá arriba, cuando veas a tu “cuñao”, tomaros una cerveza a nuestra salud. Aquí brindaremos por vosotros cada día. 

 

Perdiendo los nervios en 3,2,1…

Hace un mes que Alicia empezó al cole. Un gran cambio en nuestras vidas que nos ha costado un poco sobrellevar…. ¡Vale sí! Me ha costado a MI, ella va feliz en el autobús todas las mañanas, le encanta ir a la escuela.  

Una vez asimilado el paso de los años y el inicio de esta nueva etapa, me propuse hacer las cosas de una manera determinada, lo que quiere decir que en mi cabeza me monté una película digna de nominación a los Óscar, la cual paso a contaros. 

La idea era despertarla con tiempo suficiente para que ella (que es tan perezosa como yo) consiguiera levantarse sola de la cama. Seguidamente, y tras pasar por el baño a hacer un pis, iríamos a desayunar. Este tema es un poco delicado, ya que, partimos de la base que a Alicia recién levantada le cuesta un mundo comer algo consistente. 

Yo me tomaría las cosas con calma, sin agobios, sin mirar continuamente el reloj, sin ponerme nerviosa, sin reñir ni gritar, todo muy ZEN. En mi cabeza parecía totalmente posible, las imágenes eran ideales, nada podía fallar. 

No habían pasado dos semanas desde el inicio del cole y yo ya me había llevado una buena bofetada de realidad. 

La despierto con tiempo suficiente, pero la tengo que llevar en brazos al baño cual saco de patatas, porque todavía parece estar en “trance”; después de hacer pis parece como si se activara de repente y nos vamos a la cocina con energía. 

Esa energía nos dura, exactamente, lo que tardo yo en sentarla en la trona y ponerle el Cola Cao delante. Empiezan los soplidos, el “mamá no quiero”, yo empiezo a mirar el reloj (mierda!), me empiezo a poner nerviosa; paso al PLAN B, pongo los “dibus” que le gustan, procedo al chantaje, cede y empieza a desayunar (¡bien!), eso sí, se lo toma con mucha calma, ésa que yo necesito y ya perdí hace bastante rato. 

Vuelvo a mirar el reloj, me agobio cada vez más, le preparo el aperitivo y la mochila, hago las camas, Alicia sigue mirando la tele hipnotizada y entonces… grito, la riño, le doy el desayuno como buenamente puedo; hay días que se lo toma todo y hay días que no somos capaces a terminarlo. No, no depende de si son magdalenas, galletas o cereales, depende de cómo se haya levantado ese día y del nivel de tranquilidad que yo soy capaz de gestionar. 

La llevo al autobús y ya en casa, me siento la peor madre del mundo, me agobio más, lloro y me doy cuenta que no he disfrutado de ese pequeño tiempo con ella, que es el único que tenemos juntas en todo el día, lloro más.  

Ahora cojo aire profundamente y reflexiono. Habrá días mejores y peores, no somos “súper woman” ni estaremos en modo ZEN todo el tiempo. Perderemos los nervios a menudo, aprenderemos de ello para poder gestionarlo de otra manera. No hay buenas o malas madres porque TODAS hemos pasado y pasaremos por situaciones similares. Solamente necesitamos una cosa, NO SER JUZGADAS. 

 

DEPORTE, ESE GRAN DESCONOCIDO

Tras leer a cientos de influencer, harta de escuchar a mis compañeras de trabajo y cansada del bombardeo mediático…. he empezado a hacer ejercicio.

No me voy a poner aquí a contar los beneficios y las ventajas de hacer deporte, creo y confío en que las sabemos todos, solamente hay que tener un momento de lucidez y de verdadera necesidad vital en tu día a día para calzarte las zapatillas y ponerte a caminar.

Os contaré mi caso. Llevo meses pensando en dar el paso, pero buscaba continuamente excusas para no hacerlo. El tema gimnasio nunca me ha gustado y menos con la situación sanitaria que tenemos ahora, tenía que buscar otras opciones.

El inicio del colegio y los malos momentos vividos han conseguido que una lucecita se encendiera en mi cabeza. Así es que dejé a Alicia en el cole y cuando llegué a casa, cogí los cascos, puse la música a tope y empecé a caminar. Una hora después estaba de vuelta y sorprendentemente me sentía mucho mejor.

Durante ese tiempo no pensé en nada, simplemente observé, respiré muy hondo, disfruté del paseo (porque me reitero, tengo la grandísima suerte de vivir en el paraíso) y también de la música que, a mí personalmente, me da mucha vida.

Ese tiempo fue solamente para mí. Me di cuenta entonces que me había olvidado completamente de mí misma durante demasiados meses y que solamente necesitaba un paseo para volver a encontrarme.

Por lo tanto, me ha quedado claro que el ejercicio mejora mi salud mental además de la física.

El tema musical hay que tratarlo aparte y os explico el por qué. Partimos de la base que mi lista de Spotify es una mezcla de cumbias, bachatas y reggaeton; llevamos prácticamente un año sin “fiestas de prao” (verbenas de toda la vida de Dios), que eran el lugar ideal y elegido por mí y mis amigas para evadirnos del mundo y bailar como si no hubiera un mañana. Entonces yo empiezo a caminar escuchando mis canciones favoritas y lo que me apetece realmente, en ese momento, es ponerme a bailar como una loca. Como me parece bastante inapropiado, no solo por el momento (9:30 de la mañana de un martes) sino también por el lugar (camino paralelo a la carretera), acelero el paso al ritmo de la música hasta que caigo en la cuenta que voy haciendo marcha, mi cuerpo no está habituado a ello y me lo hace saber. Se me pone un dolor horroroso en el costado derecho y noto una fatiga que me hace parar o pensar en morirme allí mismo.

El segundo día controlé mejor el paso y no hubo apenas cansancio, es más, se me hizo corto el recorrido. Una semana y ya estoy pensando en empezar a CORRER!!!

Llevo sin hacer deporte desde el instituto (de eso hace muchos años) y creo que es el momento de retomar este hábito. En poco tiempo he notado mejoría especialmente en el aspecto psicológico. Es genial comprobar como un paseo diario ha conseguido mejorar mi estado de ánimo y que comience a ver las cosas de otra manera más positiva.

Os lo recomiendo 100% y ahora os pido asesoramiento para saber cómo y de qué manera puedo pasar de dar mis relajantes paseos, a correr sin lesionarme y morir en el intento.

 

  

¡¿VUELTA AL COLE?!

 

El tiempo ha pasado sin apenas darnos cuenta y Alicia comienza al cole en este año tan atípico para todo. En post anteriores había comentado que nuestra elección había sido el colegio rural y aquí en Asturias han aplazado la fecha de inicio de las clases al día 22 de Septiembre.

No voy a negar que existe cierto miedo a cómo va a ser todo, la incertidumbre nos acompaña desde el mes de marzo que empezó esta pandemia. Lo peor de todo es que llevábamos meses sin saber nada de cómo sería la vuelta a las aulas, y creo yo que tiempo ha habido de sobra a planificar las cosas. Nuestro Gobierno continúa dando palos de ciego, jugando a cambiar protocolos cada semana, a volver locos a profesores y centros educativos, porque no han sido capaces de plantearnos unas medidas coherentes en seis meses.

Luego nos piden tranquilidad al tiempo que escuchamos medidas de conciliación inexistentes. ¿Cómo vamos a estar tranquilos sabiendo que si mi hija tiene que estar confinada 14 días por contacto con un positivo, ni mi marido ni yo tenemos la opción de quedarnos en casa con ella? Tiene 3 años ¿qué se supone que la dejo en casa sola? Es cierto que nosotros tenemos la suerte de contar con las abuelas, pero miles de familias españolas no tienen esa posibilidad.

Nos dan la opción de reducir nuestra jornada laboral hasta un 100%, ¡qué maravilla! ¿Acaso conoce este Gobierno cuantísimas familias no se pueden permitir esa reducción por cuestiones económicas? Volvemos al debate de siempre, en este país nunca han existido verdaderas medidas de conciliación y ahora encima nos quieren hacer creer que las que nos proponen en esta situación de pandemia, son las más adecuadas. Una se cansa de mentiras, se siente estafada y engañada, y estamos hablando del futuro de varias generaciones.

Me pregunto yo ¿dónde están las ayudas para todas esas familias? Porque no he escuchado ni leído nada acerca de ello y me parecen muy necesarias dada la situación actual.

Cuando ya todo me parecía sacado de una película de ciencia ficción, tengo que escuchar que si nos negamos a enviar a nuestros hijos al colegio, podremos ser sancionados con multas económicas ¡¡¿¿EN SERIO??!! ¿Os parece que tenemos poco que todavía queréis sacar más tajada de todo ésto?

Con el objetivo de buscar soluciones ante la propuesta del ejecutivo, el club de malas madres ha presentado un manifiesto (ESTO NO ES CONCILIAR) donde le proponen al Gobierno medidas correctoras temporales para afrontar este nuevo curso. Os recomiendo que le echéis un vistazo y lo firméis. Confío en que se tenga en cuenta y consigamos ir cambiando las cosas.

Después tenemos que oír eso de que la natalidad está descendiendo. ¿Alguien se ha parado a pensar en las consecuencias que ésto va a tener a la hora de crear una familia? Muchísimas parejas han decidido parar sus tratamientos de fertilidad ante la nueva situación sanitaria y económica. El tema adopciones también se está viendo perjudicado y, por supuesto, los que querían tener más de un hijo, se lo están pensando mucho mejor.

Consecuencias a corto y largo plazo que todos acabaremos pagando, no lo olvidemos.

Por el momento, nosotros enviaremos a Alicia al cole e iremos viendo como se va desarrollando todo. ¿Qué haréis vosotros con vuestros peques?

¡¡BIENVENIDOS!!

 

El 23 de Agosto nació Jaime, el nuevo primito de Alicia. Teníamos muchas ganas de verle la carita, se hizo de rogar más de lo esperado, pero después de un duro fin de semana para sus papás, llegó para darnos a todos una dosis de felicidad que necesitábamos con urgencia.

Cuando Alicia vio a Araceli (mamá de Jaime) embarazada por primera vez, le costó un poco creerse que dentro de aquella barriga había un bebé. Nos miraba con cara de desconfianza, yo creo que se pensaba que le estábamos contando un cuento. Pero días después nos preguntaba constantemente por ellos.

Nos volvimos a ver a los 8 meses de embarazo, nuestra prima ya tenía una barriga considerable pero Alicia no parecía muy convencida aún. Entonces Araceli la sentó en sus rodillas y la animó a tocarla para que sintiera como Jaime le daba pequeñas patadas. Al principio mi hija no se atrevía, tenía cierto reparo, pero cuando puso su mano y sintió el movimiento del bebé, alucinó y no dudó en hablarle, ahora si sabía con certeza que allí dentro había alguien.

Incluso cuando nos preguntaba por ellos ya no se refería al bebé, ya hablaba de Jaime directamente.

Tras casi 42 semanas de gestación y un parto provocado, el domingo nació el nuevo miembro de la familia con 2,700 kg.

De momento solo lo hemos visto por foto y Alicia está súper emocionada, nos pide que se lo enseñemos todos los días. Cuando lo ve, le habla como si le tuviera delante y quisiera achucharlo. Miedo me da cuando vayamos a visitarlo.

Lo mismo nos pasó con Gerardo que ya tiene 6 meses pero que, con esto del coronavirus, le hemos conocido personalmente hace unas semanas.

Gerardo es otro primo de Alicia que no ha dudado en poner el toque de alegría a la familia en este año de mier…. de tantas calamidades quería decir.

Con sus papos ha logrado enamorarnos a todos. Parece siempre contento, no hace falta decirle una palabra, con colocarte frente a él con una sonrisa ya logras que te responda de la misma manera. Eso a su prima le ha encantado y, cuando han estado juntos en el pueblo, ha estado pendiente de él cada minuto. Cuando le han preguntado si ella quería un hermanito como su primo, ha respondido muy resuelta que ella quería un hermanito y una hermanita, ahí es nada.

Con la llegada de estos bebés también nosotros hemos sacado varias conclusiones. Nos hemos fijado mucho en el comportamiento de Alicia pensando en la posibilidad de que pueda tener un herman@. Y estamos casi seguros de cuál podría ser su reacción, de hecho, yo estoy totalmente convencida que si se llegara a dar el caso, ella reproduciría todo lo que yo hiciera con el bebé, al igual que ahora repite todo lo que hacemos los adultos.

Unos pueden pensar que sería una gran ayuda para el cuidado de un hermano, a mi se me ponen los pelos de punta pensando en todas las que me puede liar en cuanto tenga oportunidad.

De momento vamos a seguir sopesando la idea que, con el panorama que tenemos actualmente, se le quitan a uno las ganas de todo. Tiempo tendremos o no, toca consulta con la almohada.

CÓMO EXPLICAR LA MUERTE A UN NIÑO

 

Pensaba que lo más difícil era que mi padre se hubiera ido, pero me quedaba otro mal trago, explicarle a mi hija que él no volvería.

Cuando mi padre estaba ingresado y ella nos preguntó el motivo, le explicamos que «güelito» tenía el corazón estropeado y tenía que estar en el «hospi» hasta que se lo arreglaran. La explicación la convenció e, incluso, era ella la encargada de responder a todo aquel que nos preguntaba por él.A los pocos días de su muerte, sin haber hablado de el tema durante todo el día, nos dijo que cuando a su güelito le sanara el corazón y volviera a casa, iba a sentarse en el coche a su lado para ir al pueblo.

Quizás podría haber aprovechado el momento para explicarle lo que había pasado, pero se me encogió el corazón, respiré profundo y no fui capaz.
Hablando con una conocida, psicóloga infantil, le pregunté cuál sería la mejor manera de explicarle a un niño el concepto de la muerte. Nadie está nunca preparado para perder a un padre y tampoco para explicárselo a su hij@ de 2 años, especialmente, después de haber vivido con él los últimos meses de su vida.

Me aconsejó acudir a los libros, me recomendó algunos títulos que contaban, a través de una bonita historia, cómo entender la pérdida de un ser querido. Os voy a ser sincera, no me sirvieron para nada, en alguno de ellos no conseguía entenderlo ni yo misma!!
Recurrimos al método tradicional, me senté en el suelo a su lado y, aunque no podía dejar de llorar, le conté que güelito ya no estaba en el hospi, se había muerto y ya no iba a volver. Que estaba en el cielo y que podíamos mandarle besos y contarle cosas. Que por eso yo estaba tan triste, pero que no era malo sentir pena.
Me preguntó cientos de por qués a los que le contesté como buenamente podía y ella terminó con un «vale mamá».
No volvimos a hablar del tema hasta que un día me dijo que, cuando a güelito le curaran el corazón iba a bajar del cielo para jugar con ella. Era como si su pequeño cerebro negara una realidad que no le gustaba, era su duelo. Entonces se lo volví a explicar de la misma manera y decidimos no volver a insistir más en ello. Ella tiene que pasar por el mismo proceso que los adultos, aunque sea de una forma distinta.
Han pasado tres semanas y yo estoy enfadada con el mundo, no soy capaz de recoger sus cosas, su habitación sigue igual.
Esta semana hemos ido al hospital a la revisión cardiológica de Alicia, se ha portado mejor que nunca, hemos visto su corazón en una tele y lo hemos oído, todo sigue bien. Al llegar al aparcamiento nos ha dicho que güelito ya no está en el hospi, murió y ahora está en el cielo. Nos vamos haciendo a la idea, hablo en plural porque a mi también me está costando. Es cuestión de tiempo y de no tener mucho tiempo para pensar, al menos para mi.
El hecho que sean niños no quiere decir que sean tontos, entienden nuestras emociones y deben saber el motivo de cada una de ellas, por eso creo que debemos normalizarlas.

ADIOS PAPA

Andalucía te vio nacer pero fue en Asturias donde encontraste el hogar. 

Tu pasión era la naturaleza y los animales, en el monte, donde disfrutabas como un niño y te olvidabas de todo lo demás. No querías dejar de ir, hasta que tu cuerpo dijo que ya no podías más. 

Fue larga y dura la pelea pero me niego a decir que la perdiste porque, en realidad, ganaste lo que tanto necesitabas, paz y descanso. 

Recuerdo que de pequeña tú eras el protector, los miedos se iban si tú estabas a mi lado. En los últimos años cambiamos los papeles, eras tú el que tenía mucho miedo y yo la que te repetía continuamente que todo iba a salir bien. 

Tus nietos te dieron el aire que tanto te faltaba, junto a ellos recargabas pilas y todo te volvía a parecer maravilloso. Alicia sigue esperando que vuelvas del «hospi», algún día lo entenderá. 

Yo me quedo con los buenos momentos, a pesar de los malos. 

Me quedo con los viajes a Motril de vacaciones en los que volvías a tu infancia rodeado de toda tu familia. 

Me quedo con tus historias de pajarillos y tu buen humor recién levantado. 

Me quedo con tus palabras de ánimo cuando más lo necesitaba. 

Me quedo con todo para recordarte siempre como en esta foto, lleno de vitalidad. 

Ahora te digo ADIÓS con la boca pequeña, porque aún necesito tiempo para creerme que no volverás. 

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No esperaba este final, no te lo merecías, luchaste como un «jabato”, pero sufriste por igual… 

En realidad no me hago a la idea, fuiste mi ojito derecho, y yo el tuyo… 

Reíamos, discutíamos y luego nos abrazábamos. 

Cuántos partidos de fútbol en el sofá, ir a pescar , a cazar , a andar por el monte , sólo por escucharte contar historias… Esas que siempre me contabas, de tu infancia , de lo dura que fue tu vida , pero siempre lo contabas con humor , porque eso sí , el humor lo heredé de tí , y que orgullosa estoy papá…. 

Martín y Sergio tuvieron mucha suerte , tenían un abuelo que los quería con locura , y en mi mano va estar que te recuerden siempre . 

Iremos a Motril , por tí , por nosotras y por tus nietos … 

Siempre me quedará la frase que decías.. 

«Yo zoy azturiano»  

Dios que difícil se nos hace….. 

Te queremos papá , y nos veremos otra vez , perdónanos  si tardamos en hacerlo…. 

Descansa, y da recuerdos a güelito y güelita. 

 

MASCOTAS,NIÑOS Y VICEVERSA

 

Durante nuestra infancia, mi hermana y yo tuvimos varias mascotas, los primeros fueron los canarios y los jilgueros que mi padre mimaba como si fueran otros hijos más. A nosotras nos encantaba la época de cría, cuando ponían los huevos, los vigilábamos casi todos los días hasta que veíamos al nuevo pájaro asomar su piquito, nos parecía súper emocionante. Cantaban muchísimo y por las noches les teníamos que poner un trapo encima de la jaula para que nos dejaran dormir. Mi madre era la que peor lo llevaba, así que creo que fue cosa de ella que cambiáramos de mascota.

Fue cuando llegaron los peces, supuestamente era nuestra obligación limpiar la pecera y darles de comer pero, con el tiempo, tuvo que ser mi madre quien se encargara de ello porque a nosotras se nos olvidaba o no lo hacíamos hasta que no podíamos ver a los pobres animalillos de lo sucia que estaba el agua. No volvimos a tener peces claro está.

Por casa también pasaron una pareja de patos que mi padre se encontró perdidos en el río un día que fue a pescar. No recuerdo sus nombres, pero sí la cajita que les preparamos para que durmieran juntitos, con su comida y una luz que les calentara. El problema fue cuando aprendieron a salir de la caja y llenaron la cocina de sus pequeñas deposiciones (de mierda vaya), la solución que mi padre encontró fue sacar la caja a la terraza. Lo que ocurrió después era previsible, uno de los patitos salió de su cobijo, no calculó bien y se calló a través de la barandilla desde el segundo piso donde vivíamos, la causa de la muerte fue suicidio,al menos eso fue lo que dictaminó mi madre. A los pocos días su compañera apareció muerta en la caja, en este caso nos dijeron que había fallecido de pena. Un drama.

Tras muchos años mis padres se compraron una casa con finca y entonces llegaron perros, gatos, gallinas, cabras y hasta un jabalí. Nosotras felices porque siempre habíamos querido tener perro y Laica estuvo a nuestro lado 13 años maravillosos.

Ahora soy yo la que se ha comprado la casa con finca y los primeros en llegar han sido los gatos. Uno de ellos apareció por allí sin más y el otro nos lo trajeron para hacer compañía al primero, Copito y Miliki. Al principio eran bastante esquivos, pero enseguida se acostumbraron a nuestra presencia y nosotros a la suya.

Alicia no se atrevía si quiera a tocarlos, los perseguía y los llamaba, pero cuando los gatitos iban hacia ella, se ponía súper nerviosa. Una semana le bastó para quitarse el miedo y empezar a agobiarles, cogerles, estrujarles y llevarles de un lado a otro según se le antojara. Eso sí, los animales, lejos de escapar de su acosadora, la seguían como locos a todos lados.

Tras casi dos meses de convivencia, Copito y Miliki han desaparecido. Mi teoría es que se han hecho mayores y han querido salir por el pueblo a investigar y conocer terreno, no quiero ni pensar que les haya podido pasar algo malo.

Alicia pregunta por ellos cada vez que vamos, de momento le decimos que se han ido a dar una vuelta, confío en que volverán.

El siguiente paso es el perro, nuestra idea era adoptar, pero queremos prepararle un sitio chulo para que pueda estar en la finca bien agustito. Hemos estado mirando qué razas de perros son las menos peligrosas para estar con niños y, sorprendentemente, la más recomendada es el pitbull, al que se le considera el mejor perro niñera.

Mi miedo es que el animal tenga celos de la niña y le pueda hacer algo, soy así de paranoica.

Que los niños crezcan rodeados de animales ya me parece una suerte, aprenden a tratarlos y cuidarlos desde el minuto uno. Y un perro me parece la mejor compañía para su crecimiento y desarrollo. En realidad, todos salimos ganando.

Vacaciones ya!!

Un tema peliagudo en los tiempos que vivimos, muchos han querido aprovechar a reservar sus vacaciones antes de otro temido confinamiento que, a este paso, llegará antes de lo esperado.

Hemos dicho muy valientemente que ¡No pasa nada por no irnos de vacaciones un verano! Pero todos sabemos que no es cierto. Llevamos un año trabajando, los que no hemos estado confinados, lo hubiésemos preferido, porque hemos pasado miedo, angustia y hemos tenido que enfrentarnos a nuestro día a día en condiciones que no nos gustaría repetir. Le hemos plantado cara a un bicho que, además de hacer mucha pupa, ha tenido y tiene en vilo a todo el planeta.
Ahora necesitamos un respiro, descansar y volver a coger fuerzas para afrontar lo que está por venir. Unos días de desconexión, no importa el lugar, solamente cambiar nuestra rutina y las vistas desde nuestra ventana.
Yo he decidido irme 4 días, no necesito más, eso sí, con una amiga, DESCONEXIÓN TOTAL. Acontecimientos inesperados, junto con los que ya teníamos encima, han conseguido saturarme un poco tirando a bastante, de hecho, ya estoy asumiendo que es muy probable que infarte antes de los 40, pero eso ya es otro tema.Necesito olvidarme de todo y de todos ¿a quién no le ha pasado alguna vez?.
Y entonces, ¿cual es el problema? Pues el que nos acompaña y atormenta a todas las madres del mundo por los siglos de los siglos, el puñetero sentimiento de culpa. Que no es lo que digan tus vecinos, tus padres, tu suegra…. todo eso hace mucho tiempo que dejo importarme. Es ese pensamiento constante dentro de tu cabeza creyendo que estás haciendo algo mal cuando, en realidad, NO ES ASI! Mi buena hija de 2 años se queda con su buen padre y sus buenos abuelos, estará perfectamente y yo se que vendré renovada y con las pilas cargadas para una buena temporada.
Problema número dos: CORONAVIRUS. Sospecho y temo que para cuando queramos coger las maletas y escapar hacia la tierra prometida de la soledad, el gobierno decrete un cierre de fronteras y me chafe el plan, será entonces cuando el HULK que vive en mi haga su aparición estelar y alguien pueda resultar herido (no quisiera).
Por lo que pueda pasar, hemos estado informándonos bien para evitar males mayores. Si un nuevo confinamiento nos pilla en destino, el coste del hotel no lo tendríamos que asumir nosotras, sino la Administración del Estado, apareciendo entonces otro nuevo problema. ¿Cuánta gente habrá reservado ya sus vacaciones durante estos meses de verano? ¿Cuántas estancias tendría pagar nuestro gobierno? ¿Hasta qué punto les compensará cerrar nuestras fronteras? Nuestra economía está en números rojos, pero el virus continúa avanzando sin darnos tregua. Realmente creo que se esperará a tomar este tipo de medidas hasta el último minuto, como se ha hecho todo hasta ahora.
No me rindo, sigo diciendo que hay que tener esperanza señores, espero y deseo poder disfrutar de esos bien merecidos 4 días y que ningún bicho me arruine otro viaje. Porque mi cerebro necesita que alguien le dé al botón de «reset» y mi cuerpo tirarse en una tumbona, al menos, más de tres horas seguidas.
Mucho ánimo a los que estáis como yo y, a los que ya habéis vuelto de vuestras vacaciones, tenéis que saber que me dáis muchisima envidia y que, como yo no pueda ir, os maldeciré por siempre jamás y un día!!
 
 
 
 
 
 
 
 

¡ESO NO!

 

No se la cantidad de veces que le he repetido esta frase a Alicia, que no saltes encima de la cama, que no te pongas de pie en el sofá que te vas a caer, que no me cojas la fregona, que no abras los cajones….

Me pongo nerviosa cuando hace todas esas cosas y la pongo nerviosa a ella.

Aburrida de escucharme a mí misma me he sentado a pensar ¡tengo que relajarme más! Tanta prohibición solo hace que la chiquilla quiera hacer todo eso de manera continuada. No puedo pretender que con 2 años entienda las cosas como un adulto.

Así es que he respirado profundo, le he dicho tranquilamente que si sigue saltando encima de la cama se podrá hacer pupa y me he ido, ignorándola por completo. Al rato estaba en la cocina conmigo jugando con su muñeca.

He visto como cogía de uno de los cajones un tuper y lo usaba para preparar sus comiditas, ha venido muy emocionada a darme la prueba, le dije que me encantaba y se ha ido súper contenta a contárselo a sus juguetes. ¿Cómo voy a decirle que los tupers son para cocinar mamá, si ella también los usa para preparar sus menús?

Le gusta mucho usar la fregona y la escoba, antes me ponía loca cuando lo cogía sin enterarme, ahora dejo que trabaje un poco, le digo cómo tiene que hacerlo y luego me deja a terminar a mi porque, seamos sinceros, se cansan a los 2 minutos de todo.

El tema aspiradora también le llama mucho la atención, antes quería cogerla ella sola todo el tiempo, desde que dejo que la pase conmigo, no ha vuelto a intentarlo.

He llegado a la conclusión que es mucho mejor dejarla experimentar, las prohibiciones con gritos no solucionan nada. Ahora le explico las normas que hay en casa, la dejo a su manera y, a veces lo entiende y otras no, pero que se le va a hacer. Lo que tengo claro es que cuando tenga 18 años lo entenderá perfectamente, no tengo ninguna prisa en explicárselo todo en este momento.

Leyendo hace poco a Álvaro Bilbao me di cuenta que levanto mucho la voz delante de la niña, me pongo nerviosa muy rápido por pequeñas cosas. Después de lo sucedido me da miedo todo, eso tengo que aprender a controlarlo y es un problema mío, no de mi hija.

Por otro lado, tendemos a educar como lo hicieron con nosotros, y nuestros padres no sabían hacerlo de otra manera más que dando gritos y prohibiéndonos hacer todo, lo mejor era estarse quietecito o jugando en una habitación sin salir de ella. No quiero hacer lo mismo con Alicia.

El objetivo es cambiar la frase: ¡Eso no! Por : lo hace mamá contigo vale. Perderá la curiosidad y entenderá que esas cosas puede hacerlas cuando estés tu, o eso quiero pensar.

Lo de razonar con un niño de 2 años no es lo mío y creo firmemente que no se puede lograr por una sencilla razón, el razonamiento lógico no se desarrolla hasta los 7 años con lo cual, habrá que encontrar otra técnica para hacerle comprender las normas. Inventos varios se nos van ocurriendo para conseguir que tome todo el desayuno, que no tire las cosas al suelo o que abra los grifos. Lo intentamos con canciones, distracciones o la mítica frase : Pues no podrás ir a casa de güelita (la abuela).

A veces nos quedamos sin ideas, me encantaría que me ilustrarais con alguna que hayáis probado y además, os haya funcionado.

Por el momento, yo seguiré estrujándome el cerebro para idear algún nuevo juego y así lograr mi objetivo.