CON EL CORAZON EN UN PUÑO

 

Así estamos Carlos, todavía en un Ay! Intentando decirte adiós sin poder creernos que te has ido. 

Estábamos intentando arrancar tras los duros golpes de los últimos meses, y nos hemos frenado de nuevo. 

Shock, rabia, dolor… son tantos sentimientos en tan poco tiempo, que nos va a costar digerirlos y seguir hacia adelante. La gasolina para continuar es la familia, nos empezamos a quedar sin reservas. Pero lo conseguiremos, juntos, eso sí, porque sabemos que así el camino será más fácil.  

Vamos a recordarte siempre con tus bromas, con tu manera de hacernos reír.  

Por cómo conseguías que cada Nochebuena fuera aún más divertida que la anterior.  

Porque cuando éramos niñas y nos poníamos malas, tú aparecías cargado de bolsas con cosas ricas para que nos pusiéramos bien y, en un descuido de mamá, le echabas un buen chorro de coñac a la leche caliente. Mejorábamos sorprendentemente rápido: Carlos, esto sabe muy mal…; son los mocos, nos decías, bébetelo todo. Te reías y nosotras te creíamos. No había mejor remedio. 

Porque cuando te animabas y empezabas a cantar, conseguías que el resto del mundo enmudeciera. Fuimos pocos los afortunados en disfrutar de esta faceta tuya en contadas ocasiones. 

Nos dejas tu legado más preciado, tu fiel réplica, Jorge. Al que seguiremos acompañando en cada paso. 

Con un vacío enorme y una pena demasiado grande te despedimos.  

Da recuerdos por allá arriba, cuando veas a tu “cuñao”, tomaros una cerveza a nuestra salud. Aquí brindaremos por vosotros cada día. 

 

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