DEPORTE, ESE GRAN DESCONOCIDO

Tras leer a cientos de influencer, harta de escuchar a mis compañeras de trabajo y cansada del bombardeo mediático…. he empezado a hacer ejercicio.

No me voy a poner aquí a contar los beneficios y las ventajas de hacer deporte, creo y confío en que las sabemos todos, solamente hay que tener un momento de lucidez y de verdadera necesidad vital en tu día a día para calzarte las zapatillas y ponerte a caminar.

Os contaré mi caso. Llevo meses pensando en dar el paso, pero buscaba continuamente excusas para no hacerlo. El tema gimnasio nunca me ha gustado y menos con la situación sanitaria que tenemos ahora, tenía que buscar otras opciones.

El inicio del colegio y los malos momentos vividos han conseguido que una lucecita se encendiera en mi cabeza. Así es que dejé a Alicia en el cole y cuando llegué a casa, cogí los cascos, puse la música a tope y empecé a caminar. Una hora después estaba de vuelta y sorprendentemente me sentía mucho mejor.

Durante ese tiempo no pensé en nada, simplemente observé, respiré muy hondo, disfruté del paseo (porque me reitero, tengo la grandísima suerte de vivir en el paraíso) y también de la música que, a mí personalmente, me da mucha vida.

Ese tiempo fue solamente para mí. Me di cuenta entonces que me había olvidado completamente de mí misma durante demasiados meses y que solamente necesitaba un paseo para volver a encontrarme.

Por lo tanto, me ha quedado claro que el ejercicio mejora mi salud mental además de la física.

El tema musical hay que tratarlo aparte y os explico el por qué. Partimos de la base que mi lista de Spotify es una mezcla de cumbias, bachatas y reggaeton; llevamos prácticamente un año sin “fiestas de prao” (verbenas de toda la vida de Dios), que eran el lugar ideal y elegido por mí y mis amigas para evadirnos del mundo y bailar como si no hubiera un mañana. Entonces yo empiezo a caminar escuchando mis canciones favoritas y lo que me apetece realmente, en ese momento, es ponerme a bailar como una loca. Como me parece bastante inapropiado, no solo por el momento (9:30 de la mañana de un martes) sino también por el lugar (camino paralelo a la carretera), acelero el paso al ritmo de la música hasta que caigo en la cuenta que voy haciendo marcha, mi cuerpo no está habituado a ello y me lo hace saber. Se me pone un dolor horroroso en el costado derecho y noto una fatiga que me hace parar o pensar en morirme allí mismo.

El segundo día controlé mejor el paso y no hubo apenas cansancio, es más, se me hizo corto el recorrido. Una semana y ya estoy pensando en empezar a CORRER!!!

Llevo sin hacer deporte desde el instituto (de eso hace muchos años) y creo que es el momento de retomar este hábito. En poco tiempo he notado mejoría especialmente en el aspecto psicológico. Es genial comprobar como un paseo diario ha conseguido mejorar mi estado de ánimo y que comience a ver las cosas de otra manera más positiva.

Os lo recomiendo 100% y ahora os pido asesoramiento para saber cómo y de qué manera puedo pasar de dar mis relajantes paseos, a correr sin lesionarme y morir en el intento.

 

  

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