MASCOTAS,NIÑOS Y VICEVERSA

 

Durante nuestra infancia, mi hermana y yo tuvimos varias mascotas, los primeros fueron los canarios y los jilgueros que mi padre mimaba como si fueran otros hijos más. A nosotras nos encantaba la época de cría, cuando ponían los huevos, los vigilábamos casi todos los días hasta que veíamos al nuevo pájaro asomar su piquito, nos parecía súper emocionante. Cantaban muchísimo y por las noches les teníamos que poner un trapo encima de la jaula para que nos dejaran dormir. Mi madre era la que peor lo llevaba, así que creo que fue cosa de ella que cambiáramos de mascota.

Fue cuando llegaron los peces, supuestamente era nuestra obligación limpiar la pecera y darles de comer pero, con el tiempo, tuvo que ser mi madre quien se encargara de ello porque a nosotras se nos olvidaba o no lo hacíamos hasta que no podíamos ver a los pobres animalillos de lo sucia que estaba el agua. No volvimos a tener peces claro está.

Por casa también pasaron una pareja de patos que mi padre se encontró perdidos en el río un día que fue a pescar. No recuerdo sus nombres, pero sí la cajita que les preparamos para que durmieran juntitos, con su comida y una luz que les calentara. El problema fue cuando aprendieron a salir de la caja y llenaron la cocina de sus pequeñas deposiciones (de mierda vaya), la solución que mi padre encontró fue sacar la caja a la terraza. Lo que ocurrió después era previsible, uno de los patitos salió de su cobijo, no calculó bien y se calló a través de la barandilla desde el segundo piso donde vivíamos, la causa de la muerte fue suicidio,al menos eso fue lo que dictaminó mi madre. A los pocos días su compañera apareció muerta en la caja, en este caso nos dijeron que había fallecido de pena. Un drama.

Tras muchos años mis padres se compraron una casa con finca y entonces llegaron perros, gatos, gallinas, cabras y hasta un jabalí. Nosotras felices porque siempre habíamos querido tener perro y Laica estuvo a nuestro lado 13 años maravillosos.

Ahora soy yo la que se ha comprado la casa con finca y los primeros en llegar han sido los gatos. Uno de ellos apareció por allí sin más y el otro nos lo trajeron para hacer compañía al primero, Copito y Miliki. Al principio eran bastante esquivos, pero enseguida se acostumbraron a nuestra presencia y nosotros a la suya.

Alicia no se atrevía si quiera a tocarlos, los perseguía y los llamaba, pero cuando los gatitos iban hacia ella, se ponía súper nerviosa. Una semana le bastó para quitarse el miedo y empezar a agobiarles, cogerles, estrujarles y llevarles de un lado a otro según se le antojara. Eso sí, los animales, lejos de escapar de su acosadora, la seguían como locos a todos lados.

Tras casi dos meses de convivencia, Copito y Miliki han desaparecido. Mi teoría es que se han hecho mayores y han querido salir por el pueblo a investigar y conocer terreno, no quiero ni pensar que les haya podido pasar algo malo.

Alicia pregunta por ellos cada vez que vamos, de momento le decimos que se han ido a dar una vuelta, confío en que volverán.

El siguiente paso es el perro, nuestra idea era adoptar, pero queremos prepararle un sitio chulo para que pueda estar en la finca bien agustito. Hemos estado mirando qué razas de perros son las menos peligrosas para estar con niños y, sorprendentemente, la más recomendada es el pitbull, al que se le considera el mejor perro niñera.

Mi miedo es que el animal tenga celos de la niña y le pueda hacer algo, soy así de paranoica.

Que los niños crezcan rodeados de animales ya me parece una suerte, aprenden a tratarlos y cuidarlos desde el minuto uno. Y un perro me parece la mejor compañía para su crecimiento y desarrollo. En realidad, todos salimos ganando.

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