POR ELLAS

Con motivo del día internacional del cáncer de mama quiero hablaros de ELLAS, mis amigas. En cada grupo de amigas habrá sus historias, yo os voy a contar las nuestras.

Mari hace 10 años tuvo cáncer de mama, su hijo pequeño tenía 3 años, estando ella ingresada el peque se puso malito y también lo tuvieron que ingresar, os podéis imaginar la situación. 10 años después le acaban de dar el alta, contentos es poco, aunque las secuelas son muchas. Su hijo Dani va a cumplir el mes que viene 14 años y está hecho todo un hombrecillo.

Cris tiene 36 años, cuando tenía 19 comenzó con ataques epilépticos y a los 23 le diagnosticaron de un tumor cerebral. La operaron y siguió estable hasta los 2 años después que empezaron de nuevo los ataques, a los 30 años la volvieron a intervenir de una recidiva del tumor.  Entretanto estudió Química y ahora está estudiando enfermería, compaginándolo con su papel de madre de un niño precioso (que será el futuro marido de mi hija).

Eva es prima de Cris, nos hemos criado juntas en el pueblo, a pesar de ser de generaciones diferentes congeniamos muy bien (es lo bueno de los pueblos, nos juntamos todos, desde los de veinti-pico hasta los pre-adolescentes). Hace 12 años le diagnosticaron ELA a su madre, ahora ella y su padre ejercen de grandes cuidadores, ya que, Loli está en silla de ruedas, tiene la movilidad muy limitada y necesita ayuda para respirar, alimentarse y el resto de actividades básicas de la vida diaria. Eva es hija única y torea como una super heroína las adversidades que se le presentan en el día a día, que no son pocas.

Raquel es mi cuñada y prima de Mari, ha vivido su enfermedad muy de cerca, porque son como hermanas. Ella también ha pasado lo suyo, porque, la verdad sea dicha, parece que la ha “mirado un tuerto” como decimos aquí. Ahora está peleándose con la ciática , esperemos que gane.

Lidia es nuestra emprendedora máxima, tiene un negocio en Internet donde se venden objetos hechos a mano, os invito a visitarlo en gretahandmade.com. Su entusiasmo y alegría se contagia, pero también ella tiene su lucha interna que hace que se sienta diminuta ante el mundo. Yo sé que ganará esa pelea igual que la gané yo en su día con mucho apoyo y cariño (y algún otro viaje pendiente que cura todos los males).

Maria y yo también tenemos nuestras historias varias que ya os vamos contando en cada post.

Hace un año decidimos reunirnos una vez al mes para lo que llamamos una comida terapeútica. Es la disculpa para vernos, reírnos y desconectar, arreglamos el mundo sin necesidad de políticos, economistas o abogados, nuestra asesora es una botella de vino y otra de sidra.

Vivimos en un pueblo y cuando nos reunimos, ya hemos escuchado esa frase de: “Pero qué bien vivís…y los niños?” (PUES CON SUS PADRES QUE TAMBIÉN EXISTEN) y ya no os cuento nada si nos ven beber vino (nos tratarán de locas, malasmadres y a saber qué más cosas).

Pero sabéis qué, NOS DA ABSOLUTAMENTE IGUAL!! Nadie conoce nuestra historia, solo nosotras sabemos lo importante de escucharnos y pasar este rato JUNTAS, porque la mejor terapia siempre son ELLAS.

 

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