PROHIBIDO NIÑOS

Este es el lema de muchos bares, restaurantes y hoteles “only adults”, o lo que ahora se conoce como niñofobia, gente que prefiere ir a lugares libres de niños para evitar las perretas del chiquillo de otro.

Bien, este es un debate del que ya se ha hablado mucho, pero me parece que queda bastante por hablar.

Yo personalmente he ido a un hotel de este tipo, en nuestro caso fue porque no había disponibilidad en el resto de hoteles del sitio que queríamos visitar, de hecho, yo estaba embarazada de Alicia. El hotel estaba muy bien, pero nosotros nos sentíamos un poco fuera de lugar, y es que bajábamos la media de edad estrepitosamente, el 80% de los huéspedes estaban por encima de los 65 años, verdad verdadera. Pienso que toda esa gente o no tiene nietos o, simplemente no recuerda lo que es ser un niño. Si los niños son inquietos, deben de serlo, lloran y gritan, y sino lo hacen es que algo va a mal.

Respeto a la gente que elige esta opción, igual que nosotros hay días que necesitamos salir sin la niña, completamente normal. Pero también hay que saber ciertas cosas, primero, que prohibir la entrada a niños en un hotel, bar o restaurante, se considera discriminación por cuestión de edad, por tanto, es anticonstitucional, así como suena.

Que los niños griten, pataleen o correteen por el lugar también depende de los padres y la educación que les hayan dado, del mismo modo que hay adultos mal educados, con los niños ocurre lo mismo. Que es cierto que con la educación de tu hijo, tu lo haces lo mejor posible y precisamente el día que sales a cenar fuera, tu hijo decide montarte un pollo que ni tu madre en sus mejores tiempos. Dado el caso, lo que yo haría sería salirme fuera con la chiquilla y sino conseguimos tranquilizarnos pues habrá que coger el montante y volverse para casa, son pequeñas consecuencias de ser padres.

El problema que yo veo es que los niños estén montando el pollo y los padres los ignoren como si no se tratara de sus hijos, que esto, desgraciadamente, pasa mucho. Y encima no se te ocurra decirle nada al niño en cuestión, porque será cuando sus padres lo reconozcan y vengan a explicarte a ti como se educa a un hijo, incongruencia nivel Dios que yo llamo.

También están los casos en que los locales no tengan prohibida la entrada a niños pero el ambiente, de lejos, se ve que no es el adecuado para ellos y aún así tu decides entrar con tu bebé de tres meses, pues seguro que a alguien le va a molestar su presencia, este caso ya os lo había contado en un post anterior y es para hacerse cruces.

Como todo en este mundo en el vivimos, se crea porque hay una demanda, en EE.UU hubo alguna mente pensante que se le ocurrió quejarse por la presencia de niños en algún local, y a más de uno le gustó la idea. El resto lo hizo el marketing, todo lo que genere dinero, beneficia a toda empresa de ocio que se precie.

Personalmente creo que a la hora de ser padres debemos de mentalizarnos de que nuestra forma de vida va a cambiar, queramos o no, es mi mantra. Si yo quiero una cena relajada con mi marido, dejo a Alicia dormir con los abuelos y todos tan felices, si en el restaurante que elijamos hay niños llorando o gritando pues nos aguantaremos, porque cualquier día nos puede pasar a nosotros, pero si observamos que la situación se alarga porque sus padres pasan del tema, no me iré sin antes decírselo al dueño de restaurante.

Este debate ha surgido hace mucho tiempo y cada vez sale más a menudo a la palestra porque cada vez existen más sitios con esta restricción, sin ir más lejos,las aerolíneas se han subido al carro y han empezado a ofertar los primeros asientos para las familias con niños. Nos queda para rato vaya.

Hay opiniones para todos los gustos, contarme la vuestra.

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