SLOW SHOPPING

 

Estos dos meses de parón creo que nos ha venido bien en muchos aspectos. El ritmo de vida frenético que llevábamos nos estaba pasando factura.

Íbamos corriendo a todos lados, colegio de los niños, transporte público, trabajo, hasta para ir a hacer la compra vamos a la carrera. STOP!!

Necesitamos bajar el ritmo y un virus “made in China” nos ha obligado a hacerlo.

Ahora vamos a comprar y no nos queda otra que esperar turno hasta para entrar en la tienda, las grandes superficies son nuestro enemigo más temido y los comercios de barrio los más recomendados.

La vida en los pueblos no se ha paralizado tanto, ya que, sus habitantes tenían que salir de manera obligatoria para atender al ganado, sus huertas y terrenos que es de lo que viven. Ahora, con las nuevas recomendaciones, también ellos son los más beneficiados, con menos de 5.000 habitantes pueden salir a la calles sin tener que cumplir horarios.

El Slow shopping nació en Italia como una necesidad de frenar el ritmo a la hora de salir a comprar. Consiste en ir sin prisa, mirando con detalle los productos que vamos a adquirir, oliéndolos incluso, de esta manera somos más conscientes de lo que realmente comemos.

Este concepto se ha convertido en un modo de vida y en muchos países europeos son muchos comercios los que apoyan dicho movimiento. Es bueno no sólo para el comprador sino también para el vendedor que , de esta manera establece una relación más cercana con el cliente, recuperando la esencia de las tiendas de toda la vida.

Dentro del Slow shopping también se apuesta por la elaboración de artículos sostenibles que respetan el medio ambiente. Y no solamente se refiere a productos de alimentación, este movimiento incluye también la compra dentro de la industria textil, como por ejemplo, talleres de ropa que trabajan con tejidos ecológicos.

La esencia de este concepto es el consumo consciente, reduciendo el impacto medioambiental y difundiendo las ventajas de comprar en el comercio local, recuperando, de alguna manera, nuestras tradiciones. ¿Estamos volviendo a la mentalidad de nuestros abuelos?

Me gusta esta modo de ver las cosas yo, personalmente, he decidido ponerlo en práctica. Creo que la primera pregunta que nos deberíamos hacer es ¿qué necesitamos realmente? Porque en la mayoría de las ocasiones, además de coger todo lo que tenemos apuntado en nuestra lista, llenamos el carro de la compra con caprichos innecesarios que no solamente serán perjudiciales para nuestro organismo, sino también para el medio ambiente.

Lo más importante, que nuestros hijos al vernos, aprendan de ello y cuando les corresponda ir a hacer la compra, lo hagan de una manera consciente y sin premura. Que la vida sin prisa tiene más ventajas, que debemos disfrutar de los pequeños detalles, de nuestro día a día y los niños tienen que percibirlo. Debemos enseñarles a cuidar el planeta pero también a cuidarse ellos mismos con responsabilidad.

El estrés que hasta hace unas semanas vivía con nosotros, tiene que hacer el equipaje e irse, bien lejos a ser posible. La tranquilidad ha vuelto ha nuestra rutina y nosotros estamos viendo los resultados. Os pongo un ejemplo: a las 3 de la mañana Alicia se despierta desasosegada, no consigue conciliar de nuevo el sueño, primero su padre y luego yo, vamos a su cama para acompañarla, dos horas después seguimos los ojos como platos y me pide agua. Se lo doy y ya que estamos la llevo al baño para que haga pis, hace pocas semanas que duerme sin pañal y no quiero llevarme una sorpresa. Pues bien, en cualquier otro momento, nos hubiéramos agobiado consiguiendo agobiarla a ella también, hubiéramos acabado regañándola incluso, sin embargo, me entró la risa, verla corriendo en braguitas al baño hablando entre susurros que apenas la entendía, me hizo muchísima gracia. Me quedo con eso, la evolución hacia la relajación y el positivismo. Si un día dormimos menos no pasa nada, sobreviviremos.

Animaros, la vida slow solo trae cosas buenas.

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